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Yogi Berra, New York Yankees AUTOR: Yeray S. Iborra 2 de noviembre de 2015

Yogi Berra, una vida entre citas

Leyenda del béisbol de los 50, mayormente en sus New York Yankees, el catcher (receptor) americano Yogui Berra pasará a la historia –además de por inspirar el nombre del oso de América, Yogi– por hacer del béisbol una excusa para aplicar la filosofía y hacer de su vida un sinfín de frases célebres.

Lawrence Peter Berra,Yogi Berra (1925, Missouri) para el mundo del béisbol, siempre fue un tipo simpático. Los diecinueve años que pasó en las Grandes Ligas (Major League en América), los pasó sonriendo. Su cara, siempre arrojando pillería (no tuvo que ser fácil la vida en St. Louis) y esas orejas pronunciadas, sumadas a su narizota, no escondían sus genes italianos.

Berra fue durante años el americano tipo: inmigrado, trabajador y tomador del ascensor social. Siempre despertó la admiración de la afición, siempre estaría presente en la vida pública americana.

Berra no fue un portento físico (bajito, aunque potente; tren inferior poderoso); lo que le valió entrar en el Salón de la Fama y la retirada de su dorsal (8) en los New York Yankees (además de un estadio y un museo en su honor) fue su capacidad de comunicación.

Yogi, que heredó su mote por la forma como se sentaba tras los partidos (piernas y brazos cruzados, como quien practica yoga), demostró siempre tener una visión única de la vida, dentro y fuera del campo: para hablar con sus compañeros o, después, para hacerse entender con la incipiente prensa en sus años de manager en los Yankees o en los Mets.

Fue tal su potencial mediático en los últimos 50 y en los años 60 que incluso inspiró (se dice que hubo demanda por “uso indebido” a Hanna-Barbera, creadora de la serie) el nombre del oso de América, Yogi; el roba-meriendas más famoso de la pequeña pantalla. 

"No se termina hasta que termina”; "La mitad de las mentiras que dicen de mí no son verdad"; "Si no hubiese despertado, todavía estaría durmiendo"; "Siempre pensé que ese record seguiría hasta que alguien lo quiebre"; "El juego no se acaba hasta que se acaba”: algunos de sus más célebres yoguismos.

Entre el humor y el existencialismo –los aficionados nunca sabían si hablaba en serio o en broma–, Berra siempre fue un gran amante de la paradoja. Fue tanto su impacto que incluso en los años noventa se hizo un libro para recoger sus citas: El libro de Yogi, no he dicho todo lo que he dicho.  Sus frases suenan gastadas y repetidas: ¡se han convertido en un elemento de uso cotidiano!

Yogi Berra falleció el pasado setiembre; vivió sus cerca de 90 años hablando sobre béisbol y sobre la vida, aunque para él, nunca hubo demasiada diferencia entre ambas cosas.

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