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Miroslav Tichý AUTOR: Àngels Codina 31 de mayo de 2016

El fotógrafo vagabundo

En 1948, el Partido Comunista de Checoslovaquia exigió a los alumnos de la Academia de Bellas Artes de Praga que dejaran de pintar a modelos femeninas y se centraran en los obreros, tal y como marcaba el patrón socialista. Miroslav Tichý, que por aquel entonces era estudiante de arte, dejó la pintura en señal de protesta, pero exploró en secreto la fascinación por el cuerpo femenino, y lo hizo mediante la fotografía y de una forma más que singular.

Tenía de pinta de vagabundo y se paseaba por las calles de su pueblo con una cámara de fotos cuya estructura estaba hecha con cajas de zapatos, latas, cintas elásticas, el rollo de cartón del papel de váter o, incluso, cajas de cigarrillos. Las lentes eran un trozo de plexiglás pulido con papel de lija, pasta de dientes y cenizas. Por todo ello, la mayoría de los que se cruzaban con él lo tomaban por un loco armado con una inofensiva cámara de juguete. Sin embargo, tras ese objetivo de plástico y cartón había el ojo fotográfico del artista checo Miroslav Tichý. O mejor dicho, su ojo fotográfico y su alma de voyeur

Entre 1960 y 1985, Tichý se dedicó a tomar miles de fotos de mujeres con las que topaba en el espacio público. Las vemos caminando por la calle, sentadas en un banco, tomando el sol en biquini sobre la hierba de un parque. Hay encuadres en los que sólo se ven unas piernas, un trasero, o un torso desnudo. Por las circunstancias en las que fueron tomadas y reveladas, las fotografías son borrosas, están manchadas, son imperfectas. A menudo, Tichý las embellecía repasando los contornos de las imágenes con papel o lápiz y las montaba en papel o cartón. Y lo mejor de todo es que sólo hacía una copia de cada negativo, porque no hacía las fotos para alimentar el catálogo de una exposición o los anales de historia de la fotografía, sino para el propio disfrute. 

En 1981, un antiguo vecino de Tichý, Roman Buxbaum, descubrió las fotografías y se puso manos a la obra para conservarlas, ya que estaban almacenadas de cualquier manera, sin numerar y expuestas al polvo, los insectos y las ratas. Buxbaum empezó a coleccionar las fotos con los que Tichý le obsequiaba, y compró fajos que éste había regalado a su segunda madre. Gracias a los esfuerzos de Buxbaum, la obra de Tichý se dio a conocer en la Bienal de Arte Contemporáneo de Sevilla en 2004. Desde entonces, se ha expuesto en centros como el Pompidou, en París, o en el International Center of Photography de Nueva York.

Foto: Roman Buxbaum

 

 

 

 

 

 

 

 

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